18 de diciembre Día Internacional del Migrante.
Acompañar a personas migrantes es aprender a leer el mundo desde el movimiento. Cada paso, cada espera y cada despedida revela una verdad incómoda: nadie migra por gusto, se migra para seguir viviendo. Las fronteras no son líneas neutras en un mapa, son dispositivos de control que clasifican cuerpos, jerarquizan vidas y normalizan la violencia. Enseñan a quién se le permite soñar y a quién se le condena a huir.
Pero incluso en ese escenario de expulsión, la experiencia migrante florece como resistencia. En los albergues y en el camino nacen comunidades improvisadas que comparten comida, historias y cuidados. Allí se aprende que la solidaridad no es caridad, es una práctica política cotidiana. Cuando el Estado encierra, deporta o abandona, las redes autogestivas sostienen la vida sin pedir permiso, demostrando que otros mundos no solo son posibles, sino que ya existen.
Acompañar no es neutral, es tomar posición. Es confrontar leyes injustas, denunciar políticas de muerte y afirmar que la movilidad es un derecho, no un privilegio. Migrar es un acto radical de desobediencia que rompe el orden impuesto. Este 18 de diciembre no solo recordamos a las personas migrantes: aprendemos de ellas, porque en su andar se escribe una pedagogía viva de dignidad, rebeldía y esperanza.
Gracias a quienes caminan, a quienes resisten y a quienes, aún con miedo y cansancio, siguen apostando por la vida. Gracias a las personas migrantes por recordarnos que el mundo se construye en movimiento, se disputa en lo colectivo y se transforma caminándolo juntas, juntos y juntxs.
Alejandro Daza: Sociólogo de profesión, voluntario en el albergue de migrantes y refugiados “Hospitalidad y Solidaridad” Tapachula Chiapas – México
