25N día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

Si hubiera escrito un artículo sobre el 25N hace unos años probablemente me centraría en un análisis de la violencia psicoemocional en las relaciones de pareja y el impacto de esta forma de violencia en la vida de las victimas incluso transcurridos los años desde la ruptura con el agresor.

Este año, quizá porque soy una mujer angoleña de 30 años en proceso de construcción de carrera, porque tengo una hija o por los últimos acontecimientos políticos a nivel mundial como los conflictos en Congo, Sudán e Palestina, me interesa hablar de la libertad de soñar.

Libertad de soñarentendida como la posibilidad de hacer planes a largo plazo, proyectar un futuro, establecer objetivos de vida a sabiendas de que, a pesar de los contingentes, con alguna disciplina y esfuerzo hay grande probabilidad de alcanzarlos, en suma, hablo del “derecho al mañana”. Este derecho que los rezagos de la colonización y las dinámicas neoliberales insisten en violar sistemáticamente cuando se trata de las vivencias de mujeres africanas, indígenas o racializadas.

La colonización no ha terminado con las independencias, ella persiste en las dinámicas económicas, en los modelos de desarrollo económico y en todas las estructuras sociopolíticas a nivel mundial. Los conflictos armados, las desigualdades sociales que empujan tanta gente a la pobreza multidimensional y otras formas de coerción vividas actualmente son una continuidad de esta herencia, un ejercicio de poder diario que recuerda a “los condenados del mundo[1]”  que sus sueños no tienen tiempo, espacio ni un entorno seguro lo suficiente para concretizarse, en resumen, no son dignos de un mañana.

Empecé este articulo haciendo referencia a mi nacionalidad, edad, ambiciones profesionales y maternidad para evidenciar mi propia angustia. Hace semanas que vi una mujer sudanesa con un niño en brazos, pidiendo socorro, antes de darme cuenta salté el video y fui a ver otro contenido, inicialmente pensé conmigo misma: “He tenido un día exhaustivo, necesito evadirme y no eso”, hizo falta algunos días para darme cuenta de que aquel video hablaba directamente con uno de mis miedos más presentes: el futuro de mi país, el futuro de mi hija, mi futuro.

La realidad de aquella mujer sudanesa que me parece tan lejana fue hace 30 años la de miles de mujeres angoleñas que se vieron impotentes frente a una guerra que les arrebataba a sus seres queridos y a la dignidad y – que diablo no me oiga -podrá ser la mía si los poderosos del mundo así lo consideran.

Que este 25N las teorías feministas interseccionales se hagan escuchar, que seamos conscientes que del mismo modo que los derechos humanos están interrelacionados, que las dinámicas de opresión también están y que es solo un espejismo todo el “sueño” vivido por una clase de mujeres que sea logrando encima del dolor de otras.                                                              

  Lúcia de Aragão feminista y activista angoleña.


[1] Referência a Franz Fanón