Trata de Personas: la esclavitud del siglo XXI

A pesar de los intensos esfuerzos internacionales por erradicarla, la trata de personas sigue siendo una de las violaciones más graves de los derechos humanos en la actualidad. Se estima que afecta a 21 millones de personas en todo el mundo. Con motivo del Día Mundial  contra la Trata, 3O de julio, hablamos con dos compañeras  que están en primera línea en la lucha contra este delito en Centroamérica. Ellas nos abren los ojos a esta realidad.

Definida como el “reclutamiento, transporte, transferencia, albergue o recepción de personas mediante la amenaza o el uso de la fuerza u otras formas de coerción, secuestro, fraude o abuso de poder”, la trata apunta a la explotación de sus víctimas de diversas maneras.

Zaira Gutiérrez, Apostólica del Corazón de Jesús es parte de la Red Ramá en El Salvador, red de la vida consagrada en Centroamérica, un faro de esperanza en la lucha contra la trata de personas, que a su vez se integra en la red internacional Talitha Kum, que enfatiza la importancia de velar por la vida y dignidad de estos individuos, buscando espacios de incidencia y trabajo conjunto para la sensibilización.

Ella, desde su trabajo en prevención, sensibilización, formación y acompañamiento en El Salvador, país de origen, tránsito y destino para muchas víctimas, en especial aquellas que migran hacia el Norte o Europa, nos hace un dibujo de los rostros de las víctimas.

“Hay diferentes perfiles, hombres jóvenes y  adultos, e incluso ancianos explotados por redes de mendicidad; pero la incidencia es mayor en mujeres y niños y niñas, en alto riesgo de explotación sexual”, nos comenta. La trata con fines de explotación sexual  genera más de 40,000 millones de euros al año y afecta 2,5 millones de personas globalmente.

Sin embargo, la explotación no se limita a la esfera sexual. Muchos hombres y mujeres son «traídos» a ciudades grandes bajo falsas promesas de empleo o educación, para terminar atrapados en condiciones laborales inhumanas, como trabajadores del hogar con salarios ínfimos y escasa libertad.

Concepción Marroquín Nolasco SAC de las Hermana del Ángel de la Guarda, y parte del equipo de coordinación de la Red Ramá, afirma que incluso, en casos, hay personas que no son conscientes de que alguien su familia o cercano está siendo víctima de los tratantes, “es cuando hacemos sesiones de sensibilización y describimos situaciones como estas, cuando se dan cuenta de que su hija o hijo han caído en las redes”.

Las formas de captación son variadas, desde anuncios tradicionales ofreciendo empleo, a las nuevas tecnología por mensajería instantánea o las Redes Sociales, especialmente utilizadas por los tratantes a parir de la pandemia de COVID. “Hay tratantes que se especializan en atraer jóvenes a través de videojuegos violentos”, explica Zaira, animando y manipulando a los “mejores tiradores” para que pasen de la vida virtual a la real.

¿Dónde hay que buscar las causas? En la pobreza, con especial incidencia en las mujeres y en los niños, la exclusión y, también en circunstancias estructurales: condiciones laborales inhumanas y de explotación en muchos países. A las anteriores se unen las estructuras neo colonialistas que aún perviven, la desigualdad entre hombres y mujeres, la brecha educacional y el patriarcado latente en muchas sociedades que ven en la mujer una mercancía. En sus informes mundiales sobre Trata, la UNDOC (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el  Delito), afirma que las mujeres víctimas son sometidas a violencia física o extrema a manos de los tratantes en una proporción tres veces mayor que los hombres, y los niños casi dos veces más a menudo que los adultos.

A todo ello se une un factor fundamental, el sistema capitalista cosifica, haciendo de la persona una mercancía y esto parece ser una de las claves del éxito de este “negocio”: la victima de trata tiene un vida útil mayor que las drogas o las armas, porque puede ser explotada una y otra vez de muy diferentes maneras a lo largo de su vida.

Los conflictos son también el caldo de cultivo de la vulnerabilidad y espacios donde los tratantes ven una oportunidad. Según UNDOC la guerra en Ucrania está elevando los riesgos de trata de personas para la población desplazada y la mayoría de las víctimas resultantes de los conflictos tienen su origen en países de África y Oriente Medio. Son lo que Concepción describe como “semilleros”, aquellos entornos en los que los traficantes, que pueden ser cercanos o no, conocen la realidad y la necesidad de las personas; ellos estarán allí para captarlos.

Frente a esta realidad desalentadora, ¿qué se puede hacer?

Concepción, participó recientemente en el encuentro de Talitha Kum en Roma, que reunió a 153 delegados de 71 países. Este evento, bajo el lema “Caminando juntos para poner fin a la Trata de Personas: Compasión en acción para la transformación”, se enfocó en intercambiar ideas y crear estrategias efectivas para combatir la trata. De ese encuentro salieron tres líneas de actuación de cara al futro inmediato.

La primera es la necesidad de un cambio sistémico que aborde las nuevas vulnerabilidades que perpetúan la trata de personas: discriminación, violencia, corrupción y capitalismo desmedido. Frente a esto, el compromiso es firme, como dice Concepción “hay que empoderar a mujeres, niños y jóvenes, desmantelar los espacios donde no hay protección para ellos que son los más vulnerables, evidenciar y prevenir la falta de control y supervisión del uso de las plataformas digitales y su riesgo”.

En segundo lugar se enfatiza la importancia de un enfoque holístico centrado en los sobrevivientes de trata, acompañándoles,   “recuperando su dignidad perdida al haber sido tratados como mercancías”,  promoviendo su participación activa, garantizando su bienestar integral y su reintegración a la sociedad. Esto implica no solo atención personal, sino también la creación de espacios seguros y de apoyo donde la voz de los sobrevivientes sea primordial.

Y, por último, la tercera línea de actuación es la necesaria  ampliación de colaboraciones y asociaciones para avanzar juntas en esta lucha. “Tenemos que contar formas creativas para incidir en la sociedad”, comenta Concepción, en entornos donde como vida religiosa no llegamos,  pero otros grupos sí. Por ejemplo, los  grupos de jóvenes (que se están formando en todos diferentes países) laicos, comprometidos con la lucha contra la trata.

También trabajar sensibilizado y formando, no solo a la población en general, sino también a las propias parroquias, que «hablan poco de esta realidad”, eso, concluye Concepción, “como si la aislaran de la parte pastoral».

La lucha contra la trata de personas requiere la colaboración de todos. Zaira, Concepción y las personas que conforman las redes nacionales, regionales e internacionales contra la trata de personas nos recuerdan que debemos alzar nuestras voces por aquellos que han sufrido en silencio. Su resiliencia nos inspira a trabajar hacia un futuro más justo, compasivo y humano para todos. La acción es imperativa, y es responsabilidad de cada uno de nosotros participar activamente en esta lucha por la dignidad y los derechos de todos los seres humanos.