Del voto desconfiado al voto estratégico

En la encuesta de Datum publicada esta semana, algunas cifras destacan más que la intención de voto por candidaturas. 24.5% de los encuestados se inclina por votar blanco o viciado (un porcentaje altísimo si se considera que el histórico para elecciones nacionales ronda el 10%) y un 18.4% no precisa su respuesta. Ambos grupos suman 42.9% del total de encuestados. Sin embargo, de ese total, emerge un dato, a apenas 84 días de ir a votar, mucho más significativo: solo 12% tiene definido su voto, 33% lo está pensando y 50% no lo ha pensado aún.

¿Cómo se explica esta respuesta? La hipótesis simplista es invocar la irresponsabilidad cívica, la desidia ignorante, el triunfo de la manipulación donde prima el espectáculo o cualquier otra causa que atribuya a la conducta ciudadana incompetencia o frivolidad, en una respuesta que, a simple vista, puede parecer irracional. Si el 90% del país rechaza al Congreso y este es el que gobierna, ¿lo lógico no sería una reacción de rechazo masiva, contundente y estridente? ¿Por qué gana no sabe/no opina?

El no tener verdaderos partidos políticos está pasando factura a la democracia peruana. “Repúblicas defraudadas” las ha llamado Alberto Vergara en su ensayo del 2023. La encuesta de Edelman en el Trust Barometer 2025 la llama “sentimiento de agravio”, es decir, la sensación generalizada de “insatisfacción, descontento y marginación” de las personas hacia instituciones (entre ellas el gobierno), viéndolas como injustas y sirviendo a sus propios intereses. El Perú tiene el mayor índice de desconfianza institucional entre 29 países del mundo evaluados.

Razones no nos faltan para desconfiar. Desde el año 2016, la perdedora de la segunda vuelta no acepta su derrota y el voto popular; primero por Kuczynski y luego por Castillo, ha sido sistemáticamente ignorado por los adversarios que perdieron la presidencia, pero armaron coaliciones obstruccionistas. Con 7 presidentes en un periodo en que solo debimos haber tenido dos, ¿Quién va a confiar en que su voto sea respetado? ¿Sirve de algo votar si después los perdedores tuercen todo en su beneficio? ¿Qué democracia es esa donde las mayorías no ganan las elecciones y terminan siendo gobernadas por aquellos que perdieron? (…)

Pero encima de la desconfianza y la decepción, te imponen la trampa. Este Congreso tergiversó toda la reforma electoral para colocarnos en una situación imposible. Un total de 38 partidos compiten por escaños en el Congreso y 36 por la presidencia; su presencia contribuye a la dispersión del voto, lo que dificulta que la mayoría supere el umbral electoral.  ¿Quiénes pasan? Los más conocidos y los que tienen mayor capacidad de manipulación publicitaria, pese a su enorme impopularidad. Piensen en Renovación Popular o Fuerza Popular. Sus muy conocidos candidatos rondan el 10%.

Ese es su techo. ¿Les preocupa? No. Pueden tener 80% de rechazo, pero con ese pequeño porcentaje aseguran su triunfo porque han fragmentado el resto del universo del voto. Lo mismo ocurre en el voto parlamentario. Con 38 opciones, muy pocos lograrán pasar el 5% de valla.  La trampa está en que nos hacen creer que hay una gran participación, pero sin las PASO (sin ningún filtro) solo sirve para darle todo el poder a líderes con votaciones diminutas. (…)

Lo que ha hecho la trampa de fraccionar el voto es adelantar la segunda vuelta y colocarla en la primera. Ya no votas por quien quieres. Votas donde tu voto es mas útil. Sea para construir una mayoría con un candidato que hoy es desconocido para la mayoría, sea para, al menos impedir que lo peor de lo peor tenga oportunidad de pasar a la segunda vuelta.

Estos son los juegos mentales del electorado. Un votante defraudado, sin ninguna ilusión, que sabe perfectamente que solo le dan una oportunidad cada 5 años para expresarse, sea apoyando o castigando. Un votante que, en los últimos años, cada vez que se ha atrevido a movilizarse para protestar por lo que ha creído injusto, le han metido bala y le han dicho terruco.  Un votante que parece dormido, apático y silencioso pero que está mirando que es lo que es mejor para el país, su familia y él mismo.

Así que no es que la gente se decide en la cola por falta de civismo. Tiene una idea, pero define el mismo día para poder burlar, una vez más, a un sistema que no hace otra cosa que pretender engañarlo. Un demócrata nunca pierde la fe en el voto popular. Trucos develados, ya lo saben #PorEstosNo

Rosa María Palacios.

Articulo publicado en el Diario la República-Perú