Hoy como ayer somos urgidas “Vivir con oído atento al murmullo de los empobrecidos y empobrecidas,”

Cada 31 de mayo, la Apostólicas del Corazón de Jesús, recordamos y celebramos, que seis mujeres se deciden a vivir en comunidad el seguimiento a Jesús de Nazaret. Esta primera comunidad, liderada por Luz Casanova decide vincular su vida para siempre a las personas excluidas y la promoción de sus derechos humanos y sociales, desde el espíritu del que “Por mí no quede” y movidas por el más ardiente amor al Salvador y la máxima estima de la dignidad de la persona. Fue este el primer contagio de un espíritu apostólico que haría nacer en la Iglesia, una familia formada por religiosas y laicas

Y quienes formamos parte de esta familia apostólica, nos unimos con inmensa gratitud, por estos 102 años de vida apostólica, reconociendo en nuestra propia historia, a Dios, a la Ruah, que nos ha venido acompañando en el desarrollo y actualización del carisma, sin perder la capacidad de soñar, de confiar, de esperanzar, de fiarnos …y lo hacemos desde la escucha a los clamores y desafíos del hoy de nuestra historia 

Y aunque es verdad que a veces esos sueños se quedan en deseos, en sentimientos de impotencia ante esta realidad tan convulsa, tantas personas vulneradas: migrantes sin papeles que quieren poder vivir dignamente, niños y niñas, personas inocentes muriendo en las guerras, mujeres que pierden la vida a causa del machismo y maltrato, personas no respetadas y excluidas por su identidad sexual, la subida de los precios en los productos básicos, la desigualdad en la iglesia y en la sociedad…

Pero también, y junto a todo eso, seguimos dando gracias por muchos signos y señales de vida:   Se ha hecho realidad la “regularización” para las personas migrantes y que puedan ser reconocidos reconocidas/os, como ciudadanos y ciudadanas, en igualdad de derechos y deberes. La solidaridad de tantas personas, grupos y colectivos comprometidos en todos los lugares del mundo, como las y los activistas de la flotilla humanitaria a Gaza, la lucha de las madres de las personas desaparecidos, sobre todo en el sur de Mexico, la relación de cercanía y de amistad creada con las personas que menos cuentan, las vulneradas, el trabajo en redes, la intercongregacionalidad… y otras buenas noticias que se dan en nuestros entornos, barrios y paises.

Es por eso y porque creemos y apostamos por un mundo más justo, más equitativo, más en paz, más evangélico, más integral… nos seguimos sintiendo urgidas a “Vivir con oído atento al murmullo de los empobrecidos y empobrecidas,” con la confianza puesta , “En aquel que nos amó primero  y nos  pide que le amemos”, desde  la grandeza de lo pequeño, lo que no cuenta, desde abajo, con entrañas de misericordia y desde el riesgo y la audacia de la fe.

Siempre agradecidas. Mar Cruz Martínez (a.c.j.)