¿Qué significa para el mundo el nuevo mandato de Trump?

Donald Trump ganó las elecciones de EEUU con 277 votos electorales contra Kamala Harris, quien obtuvo solo 224, amplia brecha inesperada para las encuestadoras. Aunque podemos explorar las razones aproximándonos a la enfermedad de Joe Biden; a los fracasos de política migratoria de los demócratas; o el poco tiempo que tuvo Harris al ser candidata por el partido de turno; lo que debe preocuparnos ahora es el impacto que generará en el mundo la victoria de los republicanos al poner como presidente 47 a Donald Trump y ser el primero, después de 130 años, en ser reelegido después de una derrota contra los demócratas. En esa línea este artículo explorará la política internacional de EEUU en materia migratoria, arancelaria e intervención en Conflictos internacionales.

En primer lugar, Donald Trump ganó las elecciones apelando a que EEUU había caído en un estado de enfermedad. Esta enfermedad, alude el próximo presidente, se produjo por las olas migratorias que buscando el sueño americano han hecho del país un lugar de delincuencia y tráfico de drogas. Como suele decir, “el culpable no es otro que los demócratas”. En esa línea, el presidente reelecto apela a que Estados Unidos debe recuperar su identidad de la única manera que es posible para él: aumentar las barreras en las fronteras y endurecer las políticas migratorias. Estas políticas no son novedad, pues en el primer gobierno de Trump (2017-2021) se insistió con levantar un muro entre EEUU y México, deportar a los indocumentados, prohibir la entrada de musulmanes, generar empleos en EEUU para americanos, entre otros.

Con ese espíritu de renovación nacionalista, xenófobo y radical, Trump amenaza con implementar las políticas de deportación de manera más efectiva. De este modo, los aproximadamente 47.8 millones de inmigrantes que viven en EEUU donde el 23% son mexicanos; 6% de India; 5% de China; 4% del Filipinas; 3% de El Salvador; 19.5 % de latinos serán la punta de lanza del discurso del próximo presidente. Trump afirma que comenzará su mandato deportando a los inmigrantes que tengan algún antecedente policial, que suman alrededor de 1.5 millones de personas; para, luego, continuar con quienes estén implicados en los delitos del comercio ilícito de drogas. Sin duda, políticas que ponen en el foco a quienes son más vulnerables y que representan alrededor de unos 12 millones de indocumentados en el país.

El mandato de Trump empieza el 20 de enero del 2025, pese a los delitos que él tiene con la justicia como la acusación de los 34 cuadros de falsificación de registros comerciales en Nueva York; las acusaciones de difamación y fraude en el foro civil; o los casos penales que durante su candidatura lo declararon en juicio como delincuente convicto. En medio de las acusaciones que se van a empezar a postergar o dilatar, Trump anuncia que “Dios está de su lado” no solo porque lo salvó de los dos atentados contra su vida durante su candidatura; sino porque la Edad de oro de Estados Unidos están por comenzar con su gobierno, el cual pretende “recuperar américa para los americanos”. En esa línea, instrumentalizando a “Dios” de su lado, empezará con las redadas en las zonas de trabajo donde se concentran los inmigrantes e indocumentados; pasará a intervenir colegios para detectar a los hijos e hijas de inmigrantes y, también, a transgredir hospitales para ver si alguna persona físicamente vulnerable también es inmigrante indocumentada, para finalmente deportarla.

Se avecinan años donde la extrema derecha vuelve al poder en un país con gran impacto internacional y sin ningún contrapeso en el Senado. No solo para elevar los filtros de entrega de visas en países que EEUU catalogue como “sospechosos”; sino también por la cadena de desempleo que se generará en el país. Como afirma el internacionalista Farid Kahhat, si Trump cumple su palabra se vendrán deportaciones de más de 10 millones de inmigrantes los cuales traerán desempleo para varios sectores de manufactura o servicios donde los inmigrantes hoy laboran. A su vez, ello generará un elevado costo para quienes contratan o compran esos servicios; lo cual, finalmente, desplegará una inflación en la economía del país, afectando principalmente a quienes son más vulnerables.

A lo anterior se suma la insistencia de políticas económicas proteccionistas que ha prometido Trump. Aunque está en tela de juicio en ejecutarse o no, el discurso del próximo presidente de la Casa Blanca alude a aumentar los aranceles de China hasta un 50% y a otros países competitivos un 20%, si es necesario, con el objetivo de fortalecer su propia economía y su industria. Ello repercutirá en las economías de la región latinoamericana, europea, asiáticas y hasta africanas, quienes deberán repensar los acuerdos bilaterales de comercio. De esa manera, como suele ser la historia de la desigualdad, los pequeños exportadores de materia prima y el grupo de trabajadores que se encuentra en la pequeña industria de manufactura serán los más afectados.

Finalmente, Trump ya manifestó señales a su intervención en política exterior. Por un lado, el apoyo explícito al presidente de Rusia, Vladimir Putin, en colaborar con él para terminar la guerra en Ucrania, o, lo que es lo mismo, dejar de apoyar a Ucrania que ha permitido un equilibro implícito hasta ahora.  De esa manera, la invasión a Ucrania, la violación al Derecho Internacional y, principalmente, los atentados de lesa humanidad podrán ser justificados. Por otro lado, la posibilidad de apoyo a Israel, en medio del conflicto de Gaza, en continucaicón al apoyo que hizo en su primer gobierno, a tal punto de haber declarado Jerusalén capital de Israel y trasladando la embajada estadounidense a Tel Aviv. Sin duda, esta posición puede cambiar el escenario internacional dejando en los márgenes las denuncias a las violaciones de lesa humanidad tanto en Ucrania como en Líbano.

En resumidas cuentas, lo que significa la victoria de Trump en los Estados Unidos es una renovación de la extrema derecha que se caracteriza por políticas proteccionistas, exclusión de los inmigrantes más vulnerables y una mayor incidencia en el plano internacional en favor de los países con mayor capacidad de influencia. En síntesis, una actuación política y económica que hace de los más vulnerables, descartables.

Marco Prieto

Profesor adscrito a la PUCP y miembro del IBC